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8/3/2010 nbsp;REIVINDICACIÓN LABORAL EN BCN|LA REVOLUCIÓN DE LA LIMPIEZA


Un centenar de limpiadoras acampan en la plaza de Sant Jaume para reivindicar un salario más digno


?nbsp;Se quejan de que pasan desapercibidas para la sociedad






CATALINA GAYÀBARCELONA

Para ellas ya sería un éxito si, a partir de hoy, algún oficinista les pregunta cómo se llaman o si un banquero las saluda cuando las ve con la escoba por la oficina. La gran victoria sería conseguir esos 1.000 euros que 75.000 mujeres en Catalunya reclaman como un «sueldo digno» por limpiar oficinas, hospitales y escuelas. Es esta la reivindicación que las ha llevado a acampar el fin de semana en la plaza de Sant Jaume, en Barcelona. Hace meses que planeaban esta acampada. Sabían que ponerse en el ombligo de Catalunya les daría visibilidad ?ayer pasaba el maratón y hoy, la manifestación del Día de la Mujer Trabajadora? y que esa es un arma que necesitan. Si no funciona, dicen, están dispuestas a ir a una huelga general del sector.700 euros al mesLlegaron desde el viernes de todas partes de Catalunya. Algunas lo hicieron con miedo, pero con una realidad: 700 euros al mes, hijos, un único sueldo en casa. Otras, con vergüenza, pero con enfado: ocho horas de trabajo pagadas, pero más de 12 al día para llegar a las hasta cinco oficinas que limpian en una jornada. «No nos pagan esas horas ni tienen en cuenta el cansancio», decía una señora que prefería no decir su nombre. «Por si acaso», reconocía. El viernes por la noche una cuarentena había aguantado el frío dormitando sobre colchonetas ?no se permitieron tiendas de campaña? con una meta: hacerse ver. A medianoche, una de ellas se incorporaba para describir la situación: «Somos fantasmas». «Es que nosotras salimos cuando ellos entran», se excusaba otra. La primera la contradecía: «Yo trabajo con ellos y te aseguro que no me ven». A plena luz del día del sábado, Conchi Braojos reforzaba este argumento: «Nos pasamos la vida viendo cosas que los otros no perciben. El señor al que nadie visita en un psiquiátrico; el enfermo. Nosotras, en cambio, somos fantasmas, las de la limpia». Conchi lleva 16 años limpiando las habitaciones de un hospital. Solo 12 horas después de que se plantaran en esa plaza algo ya habían conseguido. Hombres y mujeres se detenían a preguntar quiénes eran esas mujeres marchosas que bailaban a ritmo de tambores: «Las mujeres de la limpieza», respondían ellas con orgullo. Entonces, quien más quien menos ponía cara de respeto y estampaba su firma en un folio que empezaba con un «Limpiemos los salarios bajos y la precariedad laboral». Joan firmó, también Anna. Eran dos más de las 200.000 firmas que necesitan para llevar sus reivindicaciones al Parlament. A la acampada estaban convocadas las afiliadas a CCOO y mientras ellas aguantaban en la plaza sus representantes negociaban el convenio colectivo que regulará su situación durante los próximos cinco años. Las negociaciones entre patronal y sindicatos están encalladas. Mari Carmen Moya, delegada sindical, iba y venía el sábado desde la plaza al sindicato. «Nos ofrecen seis euros cada tres meses. Eso no va a ningún lado. Pedimos la reducción de la jornada laboral y que el convenio garantice que en caso de despido improcedente de una trabajadora sea esta quien decida si lo acepta o si prefiere incorporarse a su puesto de trabajo».Conchi la escuchaba: «A mí, me encanta mi trabajo». Como muchas otras, redondea el suelo limpiando casas. «Apunta: esto es un oficio. En esta sociedad ven a una mujer y ya piensan que es normal que sepa utilizar una fregona», afirmaba otra señora. Mientras, las mujeres se animaban las unas a las otras; les quedaban dos noches más en los adoquines de la plaza.

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